Los científicos siempre quieren averiguar cosas nuevas y a veces se entusiasman tanto que terminan haciendo cualquier cosa... Sino me creés, ¡leé!
Johann Conrad Dippel era un científico muy
interesado en crear vida artificial y para eso, se robaba cadáveres para hacer trasplantes de almas.
Nació en un lugar que se llamaba “Frankenstein” por eso se dice que se inspiraron en él para escribir la famosa historia.
Robert White intentó trasplantar el cerebro de un mono a otro mono y que el animal lograra vivir… ¡Sólo pudo hacerlo por un par de horas! Pobre monito...
Vladimir Demikhov creó un perro con dos cabezas. Hizo esta prueba para aprender a trasplantar corazones humanos y ¡logró muchos avances!
Stubbins Firth quería saber cómo se contagiaba la fiebre amarilla. Para averiguarlo llegó a ponerse gotas de sangre y comer el vómito de los enfermos… ¡Qué asco!
Clarence Leuba era un psicólogo y creía que la gente aprendía a reírse cuando le hacían cosquillas.
Trató de probarlo con su hijo, entonces apenas nació le prohibió a toda la familia que se riera cuando estaba el bebe. ¡Un loco total!
¿Qué experimento te gustaría hacer a vos?